Atlas de Geografía Minera: La Ruta

*NOTA DE LA AUTORA: Cosas que les encantaban a los profesores de los 90 y que tu ahora que tienes una edad piensas que son unas completas, absolutas e inimaginables locuras. Empiezo yo: Llevar de excursión a 40 adolescentes efervescentes en primavera, en un bus, todos juntos.. Va, pues, este escrito dedicado a las y los docentes que nos sacaron del aula a conocer mundo a pelo, sin escolta policial. Y también en honor a las excursiones en sí, que tantos buenos momentos nos dieron.

 Así que toca hablar de un camino. Es una senda de la parte alta del valle que quien más o quien menos todo el mundo ha recorrido alguna vez con sus compañeros de colegio o instituto porque se trata de una excursión cercana y relativamente fácil para los centros del Nalón (Si estudiaste en el Instituto Jerónimo González de Sama en los años 90 y te dio clase Montes el de Gimnasia, perdón, Educación Física, ya te digo yo que fuiste fijo).

Sí. El lugar es la Ruta del Alba, un caminín de siete kilómetros para allá, y otros siete de vuelta, que sale y llega a uno de los pueblos que forma parte de mi Atlas Geográfico Personal: Soto de Agues. La ruta, para ser exactos, sale de la localidad de Soto porque Agues queda a la parte allá del Río Alba, pasando San Andrés (esto es una cosa que entiendes si tienes algo que ver con la zona).  Yo lo tengo. Porque todas las familias tienen historias que podrían dar pie a una novela costumbrista de su tiempo y la de mi güelu Chuchu estuvo ligado desde pequeño hasta su muerte a Agues. Allí, cuando yo era neña, él y mi güela tenía una amiga, Marina, a cuya casa yo iba con mis güelos a pasar largas temporadas. O a lo mejor no eran tan largas pero a mi me parecían años enteros e incluían muchas veces caminar por la afamada senda fluvial.

Recuerdo el nombre de pocos niños pero se que había unos cuantos. Mi memoria es mejor para las caras. También me acuerdo de las camas altas de casa de Marina, las toquillas de Lana y una virgen que dependiendo del tiempo que fuera a hacer tenía teñido el manto de un color o de otro.

En el lugar que conforman Soto, Agues y San Andrés acudí por mi primera vez a la escuela. Aquella jornada inaugural en mi periplo educativo no fue como alumna al uso. Era muy pequeña. Creo que fui algo así como un pequeño estorbo para la maestra que tuvo que lidiar unos días con una niña turista intermitente del pueblo. También en este lugar del mundo por primera vez en voz alta con público. Fue en la Iglesia, en una misa y una frase. Debía rondar yo los 7 años y fue un episodio de mi última temporada allí como veraneante intermitente. También la penúltima vez que paseé por la vera del Río Alba.

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