Atlas de Geografía Minera: La buena educación es política
Esta semana estoy enfadada, me lo noto yo. Y como diría mi güelu: “pues no te queda mili”. La causa de mi enfado son las injusticias que veo a mi alrededor y que no me hace falta ni que me las expongan las redes, que de eso se encargan sobre todo últimamente, de calentarnos la cabeza. (¿No habéis notado que todo lo que te llega al móvil o lo que se te destaca en sitios como Facebook o Instagram cada vez en mayor medida busca tu mala hostia? Yo sí. Y si estuviérais en Twitter ya es tan evidente que hasta te da la risa. Pero bueno, eso es otra historia…).
Empecemos por lo que nos compete, que es el dibujo que le mandé hacer a Alfonso, más que nada porque después me voy a ir por los cerros de Cuturrasu y no quiero mezclar churras con merinas.

Por razones que no vienen al caso pero que tienen que ver con un equipo de balonmano de veteranas que entrenamos en El Entrego, tengo en la actualidad bastante vinculación con la noble y digna localidad de Barredos, en el concejo de Laviana. Un lugar lleno de gentes llegadas de tantos lados que al final tomaron la decisión de convertirse en ciudadanos de un solo sitio, junto al río Nalón, al pie del Pozu Carrio, en la encrucijada de caminos que te lleva por Tiraña de Laviana a Bimenes (o viceversa). No es la primera vez que tengo relación con los barredenses, de hecho tengo hasta familia, por eso esto que voy a decir tampoco es un sentimiento nuevo que yo tenga hacia ellos, pero es así. Siento profundo orgullo, sin ser yo nada de eso, del amor que la gente de Barredos le tiene a su pueblo, de lo mucho que luchan por mejorar las cosas, de todo lo que se manifiestan por mejorar la basura, por adecuar el entorno del río, por la seguridad, por los semáforos. No se dan por vencidos aunque se consideren perdedores, porque son conscientes de que muchas de estas peticiones están sobre la mesa desde hace décadas y pasan completamente desapercibidas, cuando no ignoradas, por quienes les tienen que hacer frente. ¿Tanto costará soterrar la basura en Barredos? ¿Tanto costará arreglar un semáforo, dos o cinco? ¿Tanto costará arreglar el entorno del río para que esté guapo? ¿Y pedir una de esas subvenciones europeas que otros concejos piden para arreglar y darle dignidad a las barriadas? ¿Tanto costará atender a las peticiones de un pueblo que ha dado pruebas más que evidentes del orgullo que siente por sus calles y sus gentes? Son preguntas que hago en serio, eh. No son retóricas ni nada por el estilo. Habrá quien me responda (porque de hecho así me lo hizo saber hace poco una persona): “Eso es todo política, es que hay ahí gente metida que solo tiene intereses políticos bla, bla y bla”. ¡Pues claro que es política! Todo es política, pedir y también dar, decidir atender a las peticiones o decidir ignorar las voces que claman por una vida mejor. Todo es política y, sobre todo, últimamente, también la educación.
La educación me lleva a otros temas que al principio de este texto califiqué de cerros de Cuturrasu, y pallá voy. En el fondo de todo esto está el respeto que desde las instituciones a veces se debería tener y no se tiene hacia el movimiento asociativo de los pueblos. Conozco a muchas personas que están metidas en colectivos vecinales, y las conozco por dos razones. La primera porque como bien sabéis llevo años caleyando por esta cuenca contando noticias de un sitio y de otro. La segunda, y no menos importante, porque yo soy secretaria de la asociación de vecinos de mi pueblo, la Asociación La Asunción de la Güeria, Villar y Pumarín para más señas. En estos grupos, por encima de lo que creen muchos responsables políticos, el principal objetivo es, por encima de cualquier interés, buscar las mejorías del pueblo, que pueden coincidir o no con las que al final se llevan a cabo por los que tienen el poder y el dinero, pero que son tan lícitas unas como las otras.
Y voy a terminar hablando de Fili Gil, la mujer a la que una concejala ahora en el grupo de no adscritos del Ayuntamiento de Langreo atacó alegando “parcialidad” en el trato que el equipo de gobierno estaba teniendo con ella. Fili pertenece a la Asociación de Vecinos de Riaño. Es una mujer que hace 50 años estaba encerrándose en el Arzobispado de Oviedo, que hace 40, 30, 20 y 10 y ayer mismo se estaba manifestando y se manifiesta en pro del beneficio de Riaño. A gente como ella se le debe, por ejemplo, que un distrito como el suyo haya superado demasiadas mareas. No estoy pidiendo en este texto que se tenga un trato de favor hacia Fili, que conste, estoy pidiendo respeto y educación hacia ella y, por extensión, hacia el movimiento asociativo de esta cuenca, que en muchas ocasiones (no siempre) solo se encuentra trabas, burocracia y malas caras para recibir, como mucho, una ayuda de 1.000 euros al año (alguno se está riendo de la cifra, ya la pongo alta para que nadie se queje), que no da ni para pagar la calefacción. La educación y el respeto hacia el movimiento vecinal también es política, repito. Y los que critican a Fili tendrán que nacer unas siete veces más para llegarle a esta mujer, a su honradez y esfuerzo, a la altura de los zapatos. Fili no es una persona, es un símbolo.
