Atlas de Geografía Minera: Lotería, fiestas y dolores de cabeza

Langreo. 2 de enero 2026

Organizar unas fiestas de pueblo, ese gran concepto. Solo las personas que alguna vez se vieron dentro (queriendo o sin saber cómo) de tremenda labor saben que la mayor parte de las cosas que te ocupan dan dolores de cabeza. Tiempo, preocupación, nervios y dinero… Sí, también dinero de nuestros bolsillos. El que ponemos, por ejemplo, para pagar la gasolina de bajar al Ayuntamiento las veces que sea necesario para pedir los permisos que hagan falta, y ya os digo yo que esas son unas cuantas, porque la burocracia institucional es tremenda (esto da para otra crónica).

Cuando hace unos días le tocó el Gordo de Navidad a la zona de León que linda con Asturias, a esas cuencas mineras leonesas tan queridas para nosotros, los de este lado del Pajares, todos esbozamos una sonrisa aquí. ¿Por qué? Porque ese Gordo también es un poco nuestro: de la gente que va a secar a los estupendos campings de León; de los compañeros mineros que se matan en un tajo que nos trae la tragedia cuando ya no la esperamos; de los guajes que veranearon en los campamentos de Hunosa; de los güelos que proceden de esa zona y que cruzaron el puerto para instalarse en El Entrego, Pola de Lena, Mieres, Langreo…

Estoy segura de que también las papeletas que trajeron la buena (mala) suerte a Villamanín, a través de la joven Asociación de Festejos del pueblo, se compartieron con alguna familia asturiana. No me cabe la menor duda. Los agraciados recibieron en menos de 24 horas una estupenda noticia y un disgusto. Porque los chavales que vendieron las papeletas premiadas no consignaron el décimo a un talonario de 50 (250 euros: 50 para la asociación y 200 para Lotería), y esto, con el premio que tocó, supone que hay personas que compraron esas rifas y que no tienen derecho a recibirlo. Un lío que se resume en una cifra: cuatro millones de euros.

A nada que hayáis escuchado las noticias posteriores al día de la Lotería de Navidad, ya sabéis de qué hablo. Yo, desde que me enteré, solo puedo pensar: probes chavales.

Porque si da dolores de cabeza organizar las fiestas de tu pueblo, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser vivir una situación así. En el momento en el que escribo estas líneas hay un acuerdo. La Asociación de Festejos entrega los décimos que habían comprado para ellos, dos millones de euros, y el resto de los premiados se harían una quita en su montante para cobrar algo menos. No todos están de acuerdo con la solución.

Estos días he escuchado de todo: que si los chavales se querían lucrar vendiendo papeletas y quedarse con todo el dinero. ¿250 euros? ¿Sabéis pa lo que dan 250 euros en una fiesta de pueblu? No voy a molestar a Jaime, el presidente de la Asociación La Asunción, de la que yo soy secretaria, pero calculo que ni para el hielo dan.

También he leído en redes sociales que, bueno, que si son mayores para hacer unas fiestas, también lo son para medir las consecuencias de sus acciones. En fin… La gente que escribe estas cosas y que las piensa, ¿no es capaz de ponerse ni por un segundo en la piel de esos chavales? Me parece una falta de humanidad brutal.

Menos mal que después existen otro tipo de personas, como la Sociedad de Festejos La Pontona de Laviana, que a través de su Facebook ha compartido un mensaje para los chavales de Villablino: “Que sepáis que os hemos reservado este Décimo del Niño para vosotros. Suerte, amigos”. Para cuando leas estas líneas, ya sabremos si la suerte vuelve a estar con ellos. Pero solo la buena, ¿eh?