Atlas de Geografía Minera: Historia con nombre y apellido
Daniela no se atrevió a leer su texto en voz alta y me lo dio para que lo leyera yo. Hablaba de su güelu, de cómo al paisano, de guaje, siendo apenas un bebé, lu embarcaron con otros neños rumbo a Francia, donde vivirían “tranquilos” lo que durara la guerra en su país, España, en el su pueblu, Cudillero. La historia de la tímida Daniela era preciosa. Le di las gracias por compartirla con todos y reflexioné a su lado: “Tu güelu, Daniela, fue un refugiado de guerra, igual que los que vemos ahora en la tele, que salen de su país como pueden para huir de las bombas. ¿Te das cuenta?”. Para esos momentos, todo el alumnado pixueto allí presente se había callado, guardaba silencio… Daniela me miró y en sus ojos vi una mueca de sorpresa, como diciendo: “Meca, sí, pues no me había dado cuenta”. La vida del güelu de una neña de Cudillero le pone nuestro nombre y apellidos a capítulos de la enciclopedia de la Historia Universal, que normalmente solo hablan de grandes guerras y dinastías poderosas.

A veces estos nombres y apellidos te los encuentras en la hoja arrancada de un cuaderno escolar que su dueña no se atreve a leer y, a veces, solo hace falta mirar al suelo del entorno de la Plaza de Abastos de Ciañu o del Parque Dorado de Sama para darte de bruces con la Segunda Guerra Mundial. En estas dos ubicaciones se han colocado cuatro “Stolpersteine” o “piedras de la memoria”. Cuatro pequeños cubos de cemento de 10x10x10 centímetros que, en la parte superior, llevan incrustada una placa de latón donde se encuentran grabados los datos esenciales de una víctima de los campos de concentración nazis. Aquí, tan lejos de todo, podemos pensar que nadie de los nuestros terminó ahí. Pero no es cierto. Los cuatro nombres que ahora se pueden leer en el suelo (hay que agacharse para hacerlo, una señal de respeto) son: Alfredo Rotella Morán, Luis Paulino Martínez Orviz, Benjamín Álvarez Carcedo y Honorino Suárez Sotres. Todos ellos naturales del concejo y deportados a los campos de concentración nazis. Ellos son cuatro nombres (en Langreo ya hay otros dos “Stolpersteine”) de los cerca de 10.000 republicanos españoles que huyeron a Francia tras la Guerra Civil y que fueron deportados por los nazis a campos como Mauthausen.
Despojados de su nacionalidad por el régimen de Franco, que solo quería que fueran españoles los que él dijera, en esos lugares del infierno fueron marcados con el triángulo azul de los apátridas y forzados a trabajos esclavos. Más de la mitad de ellos murieron debido al exterminio, el hambre y el agotamiento antes de la liberación aliada en 1945. Otros volvieron y lo contaron, al principio con la certeza de que el horror que relataban era difícil de creer.
¿Qué se dirá de nosotros dentro de 90 años? ¿Habrá algún nieto de nuestra generación que al recordarnos lo haga poniendo un nombre propio a nuestra era? Algo así como: “Mi güela nació en el Siglo de las Guerras” o “Mi güelu vivió en Alemania en el Fin de la Era Analógica”. A saber.
