Atlas de Geografía Minera: El quesu casín, las musas y la caleya
Extracto del pregón de Aitana Castaño en el XXXVI Certamen del Quesu Casín
Lo mío, ya lo sabéis, son las historias. A veces reales y me toca escribirlas o contarlas en un medio de comunicación. Y otras, ficticias, y es entonces cuando me pongo a darle vueltas a estas cuencas mineras nuestras que tantas cosas nos han legado. Una sociedad que se dibujó con carbón y que aún muestra cicatrices en castilletes parados que los de aquí ya ni vemos o en urbanismos imposibles que acogieron a miles de familias llegadas de fuera cuyo único objetivo era darles una vida mejor a sus hijos. ¿A veces no os da la impresión de que todo se repite?
Muchas veces, sobre las segundas, las de “ficción”, me preguntan dónde encuentro la inspiración. Y la respuesta es muy fácil. en la caleya. Ahí es donde está todo lo que esta tierra me inspira.
Jorge Salvador, editor de Pez de Plata, no conocía las cuencas cuando empecé a publicar. Salió Los niños de humo e hicimos una gira. Me dijo: «Solo eres una notaria de la gente de la cuenca». Y sí, lo soy. Y la clave no son montañas ni ríos. La clave es la gente. Les muyeres y los hombres que la habitan.
Voy a explicarme con un ejemplo. Allá por principios del siglo me mandaron a El Campu a hacer un reportaje sobre el Quesu Casín y conocí la Quesería Redes y a Marigel. De su mano probé un sabor que, la primera vez lo supe, no se iba a repetir con ningún otro queso del mundo. Y con ella llegaron también las historias de todas las demás. Siglos de mujeres desuerando, envolviendo en paños, amasando gorollos (Y paisanos, eh, que ahí tenemos a Alberto Valiente, de Ca Llechi de Piloña). Y las historias de la emigración asturiana porque Marigel nació en Mieres, se crió en Oviedo y se fue a Alemania, pero es que además vive en Casu, un concejo que lleva en su historia tantas despedidas que sería imposible contarlas todas. Mirando aquel quesu por primera vez pensé en cuántas veces un casín en Buenos Aires cerraría los ojos para acordarse del sabor que, si no vuelve a casa, nunca más va a probar. ¿Habrá intentado algún casín facer quesu en la Patagonia? Me gusta pensar que sí.

Marigel y a su familia, Natali, Anuska… son las mejores “fuentes” que un periodista puede tener. Porque hacer las cosas es importante, pero también hay que contarlas y tener el testimonio de las Lobeto siempre es un lujo. Conocen el queso y lo quieren.
También lo es, un lujo, compartir el Certamen con la galardonada con el Quesu Casín D’Oru. María Digna Ovina Lobeto, Maruja la de la Marea que desde su negocio hostelero en Piloña no dudó en echar una mano para buscar productores de leche o para vender los quesos. Hasta el último día, Maruja y Marigel fueron amigas.
Sé que muchos dicen: «El quesu casín ya nun ye lo que yera, antes…». No es nueva. Se lleva escuchando siglos. Pues no, nun ye el de antes. Pero, ¿el de antes de cuándo? ¿Antes del descubrimiento de América, antes de Cuba y Filipinas o antes de la Guerra Civil? Porque este queso tiene todos esos antes.
Y no, claro que no es el mismo, ni falta que le hace. Tampoco nosotros somos los de antes. Ya no nos gusta subir a Casu en carro, ahora preferimos carreteras. A les muyeres ya no nos apetez que nos traten como a ganao, a la gente le gusta quererse en libertad… Pero que quede claro que el queso de hoy no sea el mismo que amasaron nuestras tatarabuelas no significa que sea peor. De hecho, seguramente signifique todo lo contrario.
