Atlas de Geografía Minera: Wir sitzen alle im selben Boot

Sus camisetas van, ahora, a franjas horizontales en blanco y rojo y, aunque en Alemania todos los conocen como “Los Metalúrgicos”, su nombre oficial es Fußballclub Union Berlin. (Quedaos con esto último, que nos va a venir bien para lo que quiero contaros al final).

La primera vez que oí hablar del Unión Berlín fue en la radio no hace mucho. Rafa Cabeleira, la mitad de “La Dupla”, una sección del programa Hoy por Hoy de la Cadena SER que se emite los lunes a eso de las 10, hacía la broma de que, a lo mejor, para que las obras del Camp Nou no se alargaran hasta el infinito y más allá, el Barcelona tendría que hacer como el Unión Berlín, que en 2008 hizo un llamamiento a sus aficionados reacondicionar su estadio, el Stadion An der Alten Försterei, y poder competir porque no tenían dinero. Más de 2.000 hinchas trabajaron de manera voluntaria durante algo más de 140.000 horas en casi 300 días. todo el mundo que pudo hacer algo lo hizo y el que no, apoyó donando material de construcción o lo que estaba en sus manos.

Cabeleira, con la broma que le estaba soltando a Ángels Barceló, declarada culé, hizo que me picara la curiosidad. Busqué en Google: “Unión Berlín”, y me encontré la peculiar historia de un equipo que nació en el año 1906 en el barrio obrero de Köpenick, en el sudeste de Berlín, y que construyó una identidad con los suyos y, como buen equipo, también con la confrontación con sus eternos rivales, el Dynamo Berlin.

Lo que os conté de las obras de mejora del estadio de 2008 no es más que un ejemplo de lo que los hinchas han hecho por este equipo humilde, que volvió a la Bundesliga (la Primera División alemana) en el año 2019 después de veinte años en segunda. En 2004, cuando las deudas amenazaban con liquidar la institución, los hinchas lanzaron la campaña “Sangrar por Union”, donando sangre para recaudar fondos (porque en Alemania la donación es remunerada). El gesto, tan simbólico como concreto, resume una idea poderosa: el club sobrevive gracias al sacrificio literal de sus seguidores.

Otro gesto significativo llegó en 2011, cuando los socios impulsaron la compra colectiva del estadio para evitar que cayera en manos privadas. Bajo el lema “Vendemos nuestra alma, pero no a cualquiera”, miles de hinchas adquirieron participaciones limitadas, garantizando que el Union siguiera siendo de su gente. En una época dominada por inversores y corporaciones, la decisión marcó una diferencia clara sobre qué tipo de club querían ser.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque me encantaría no tener que ir tan lejos para encontrar ejemplos de apoyo colectivo que salven clubes. Y porque nosotros tenemos un “Unión” mucho más cerca, que viste de azul y rojo y que necesita nuestra ayuda.

El Unión Popular de Langreo atraviesa una situación económica muy delicada. Para garantizar su supervivencia, el club ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding que busca recabar fondos. Necesitan algo más de 430.000 euros. Han habilitado un número de cuenta para los que quieran colaborar: ES67 0081 5450 5900 0113 0916.

También se pueden hacer aportaciones en las oficinas del Estadio Nuevo Ganzábal, de lunes a viernes, en horario de 10:00 a 13:00 y de 17:00 a 19:00, y los días de partido.

Porque, como dirían en el Unión Berlín: “Wir sitzen alle im selben Boot”, o lo que ye lo mismo: Tamos xuntos nesto.