Junio de verbena pandémica

Con más del 70 por ciento de la población ya vacunada  en el barrio, en el mes junio, llegaron las ganas de fiesta. Llamailo ganas, necesidad, mariachi o refalfiu, lo que queráis. Pero quién más o quién menos todo el mundo en la barriada soñaba con echar un baile al aire libre, al son de Margarita y su acordeón que, en el confinamiento, había tocado hasta la extenuación el “Resistiré” y puede que fuera, sin duda lo era, la persona del entorno que más precisara los sones al aire libre con el Dúo Dinámico totalmente descartado del repertorio.

-Tenemos inmunidad de rebaño… ¡La organización de las fiestas está más que justificada! -defendía Joaco, presidente vitalicio de la Asociación de Festejos y Rutinas San Romualdo de Abajo, un santo que parecía tan inventado como lo era. (Tampoco es que fuera la misa lo más visitado del festejo. Así que daba igual).

-Voy date yo a ti rebaño. ¡Como siempre fuiste una oveya! -murmuró entre dientes Petronila que hacía cinco años había disputado a Joaco la presidencia del colectivo vecinal, perdiendo las elecciones a mano alzada por solo un voto que nunca le perdonará en la vida a su amiga, y sin embargo vecina Flor, el haber faltado deliberadamente a la asamblea porque estaba harta de la feroz campaña política en la que se enfrentaron Joaco y Petro.

-Bueno, venga, vamos a dejarnos de tonterías  y espabilar que nos quedamos sin San Romualdo. ¿Habrá que hablar con Margarita y su acordeón para ver si se anima no?,- añadió la propia Flor

-Hablar, hablaremos con Margarita porque con el acordeón vamos a tenelo jodío…-soltó Joaco y solo él se rió de su propia gracia. Rafa, el flamante-antiguo nuevo novio de toda la vida de Flor lo miró con cara de desprecio aunque se le pasó pronto al pensar en que, después de haberse perdido casi cuarenta verbenas de San Romualdo, por fin iba a poder bailar a lo agarrado con su flamante-antigua nueva novia de toda la vida.

Marga aceptó el reto de retomar las verbenas tras la pandemia. Pero ya no iba sola con su acordeón, al exiguo grupo se había ampliado al sumar a su marido Gerva, que tocaba los teclados, y el yerno de ambos, que había aprendido a tocar el saxofón en pleno  confinamiento y tras el ERE que siguió al ERTE de su empresa, ya no tenía trabajo, pero si furgoneta. Era saxofonista y transportista de Marga, su acordeón y compañía. Y no lo sabían, pero se enfrentaban a un verano de bolos entre terrazas, praos, barriadas y erías.

San Romualdo, que cae el 19 de junio o como suelen decir en el barrio “cuando le pete a Petro”, este año sí que se celebraría el 19, sábado. Habían querido los astros que se juntara todo para que la festividad fuera completa. Y eso que la pandemia todavía marcaría tanto el baile como las celebraciones en sí.

Para empezar, las banderillas con las que se decoró toda la calle no eran banderillas en sí, sino riestras de mascarillas con las que la organización quiso rendir un sentido homenaje a la Covid-19. Bueno, no era sentido, ni era homenaje, pero les pareció cuanto menos metafórico y en el barrio son muy de metáforas, que por eso llaman Rayo Macqueen a José Luis que le faltan las dos piernas (conste que el señor hace honor a su apodo desde que allá por comienzos de los dos miles le compraran una silla de ruedas eléctrica que casi tiene que ponerle matrícula). 

Bueno, vale, igual tampoco es una metáfora lo de José Luis. Pero al lío, los vecinos el homenaje sí que se lo quisieron hacer a los sanitarios que tanto habían cuidado por ellos por eso nombraron a María, la médica del ático, pregonera de San Romualdo.

-¿Pregonera yo? Pero si no soy del pueblo ni sé dar un pregón.

Petro, mientras ensamblaba las mascarillas unas con otra para hacer una riestra, la miró por encima de las gafas.

-Tu dices que nos quieres muchísimo y recuerdas lo de los grupos burbuja para bailar y ya estaría.

-¿Grupos burbuja para bailar?

-Muyer, claro, ¿o te crees que nos vamos a exponer en el barrio a una quinta ola por culpa de Romualdo? Hay que hacer grupos de seis, tres parejas, y solo podrán bailar entre ellos. Es la única manera de cumplir la ley porque aunque aquí tamos todos vacunados, o casi, los que vienen de fuera no se sabe. ¡Seguridad ante todo! -explicó Florina y Petro desvió la mirada hacia ella.

-Y por supuesto, queda totalmente prohibida la escapada a lo oscuro con flamantes-antiguos nuevos novios de toda la vida… ¡Qué te conozco, bacalao!

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