V de vale

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Elvira echó una paleta de carbón a la cocina y abrió el tiro para que el mineral comenzara a arder con fuerzas. El invierno había traído agua, nieve y mucho frío. El vale de carbón de ese mes se agotaba y algún faltaba una semana para rellenar la carbonera. La madre de María vio el cubo medio lleno y suspiró,
-¡Llévale esto a La Cordobesa, anda!
María refunfuñó un rato rebatiéndole a su madre por qué los niños no estaban obligados a hacer todos los recados que les pedían los mayores. La niña habló de abuso de poder con una firmeza que a Elvira casi le da un ataque de risa.
-Abuso de poder te voy a dar yo a ti. Anda, déjate de tonterías. Bájale el carbón a Pili y cuando vuelvas hacemos frixuelos. ¿Te parece?
Ante la perspectiva de merendar los frixuelos de su Madre, María claudicó. 
Pilar la Cordobesa, viuda desde hacía dos años, le abrió la puerta hasta con el gorro de lana puesto. Su casa estaba helada.
-Como te lo cuento, reina. 35 años aguantando en la cama a un barrenista de Venturo y ahora  sin carbón pa calentar la cocina y sin barrenistapa calentar la cama. 

La mujer había perdido el vale del carbón de ese mes y Castillo, el dueño de Carbones Nalón, se había negado a fiarle después de una discusión antológica en la barriada en la que la Cordobesa acusó al carbonero de tangarle sistemáticamente 50 kilos de carbón al mes durante los últimos cinco años. Ella y Pablo habían sido testigos del encontronazo mientras jugaban a los mineros en las carboneras. Habían temido por la vida de Castillo.
-Yo te digo que Castillo es un ladrón de tomo y lomo. Y si él no se baja de la burra, yo menos.  Como si muero congelada, pero yo no le pido perdón… Lo único es que este año, nenos, os quedáis sin pestiños de Carnaval. –sentenció antes de arrebatarle a María el cubo de las manos y cerrar la puerta de golpe.
La palabra “pestiños” sacó a María de su letargo. No se imaginaba un antroxu en la barriada sin degustar el manjar hecho por la Cordobesa. Los frixuelos que la esperaban en su casa estaban bien, como las orejas que hacía Tere la Gallega, pero los pestiños de Pilar eran sublimes. Cisco, el abuelo de Pablo cada vez que los probaba decía: “Formidable, cosa rica”. Los pestiños tenían algo que no igualaba ningún postre. Era el toque de Anís Bombita que cada año se traía Pilar en la maleta desde su Espiel natal. “Anís Bombita, pura dinamita”, solía decir en voz alta Pilar a la vez que le echaba a la receta el chorretón del licor.
-Sin carbón, no hay pestiños. –oyó gritar a Pilar tras la puerta.
María subió los escalones de su casa y le pidió permiso a su madre para llamar por teléfono a casa de Pablo.
-Ya sé de qué nos vamos a disfrazar los de clase, Pablo- dijo la niña por todo saludo. 
Y así fue cómo los alumnos de 4º de EGB del colegio de la barriada desfilaron por el patio del colegio el día de Carnaval vestidos todos de mineros.  Pablo encabezaba la comitiva portando un cartel que había dibujado él mismo y que rezaba: “Turno de mañana del Pozu Venturo”, una mina que había cerrado sus puertas tan solo unos meses atrás convirtiéndose en la primera de muchas que se clausuraron después.
 Los días previos al Carnaval, en las casas de los alumnos de la clase Don Antonio, desaparecieron monos de trabajo y cascos de la mina. También unas paletadas de carbón, diez kilos de cada casa en concreto.
-¿Pero de verdad, hija mía, tienes alguna necesidad de carretar con este carbón todo el desfile? Además los mineros ya no sacan el carbón de la mina a cestados, ¿o qué te crees?
-Jolines mamá. Es que tú no lo entiendes, es una metáfora, que nos lo explicó Don Antonio en clase el mes pasado. Una metáfora del carbón que sacaron los del Pozu Venturo y que ahora ya no sacan porque la mina cerró.
-Metáfora te voy a dar  yo a ti, anda… 
Era metáfora sí. Y un plan perfecto. Tras el desfile, como por arte de magia la carbonera vacía de Pilar la Cordobesa se llenó hasta arriba de carbón. 300 kilos, a razón de 10 kilos por niño. La carbonera rebosó en apenas unos minutos, justo después del desfile y con el tiempo suficiente como para que Pilar le diera tiempo a echar el chorrete de Anís Bombita a la masa de los pestiños y alegrarles el Antroxu.

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