“Tener pisos tutelados en el Nalón para las personas con discapacidad sería un recurso fundamental para el valle”

Nieves Mejuto es la directora del CAI de Pando, que celebra este año su 30 aniversario. A lo largo de su trayectoria el centro ha recibido diferentes galardones como el Langreano de Honor y el reconocimiento de la Fundación Marino Gutiérrez, Emilio Barbón y Humanitarios de Moreda.

Nieves Mejuto, directora del CAI de Pando.

-¿Cómo ha cambiado la situación en estos 30 años en el CAI?

-Hemos crecido. De 12 chavales y 5 profesionales que éramos, ahora somos 11 profesionales y 70 usuarios y, al crecer todo, también crecieron los edificios que fueron surgiendo como setas alrededor de las antiguas escuelas de Vega.

También cambió la manera de ver la discapacidad. Éramos un centro de disminuidos psíquicos, luego cambió la nomenclatura a Centro Ocupacional y ahora somos Centro de Apoyo a la Integración. Cuando era centro ocupacional todo estaba más destinado a la integración laboral de las personas con discapacidad pero se observó que estas personas necesitan más apoyos que no son solo los relativos al empleo.

-Cómo llevan los usuarios el proceso de salir al mundo laboral, generar nuevas expectativas y tener que volver.

-Salir a trabajar es, para ellos, crecer en autoestima. Te incorporas a un mundo laboral donde te relacionas con otra clase de personas y también recibes un salario porque se reconoce tu trabajo. Cuando termina el contrato sienten contrariedad, algo que yo creo, nos pasa a todos. Ellos, sí es verdad, regresan al centro que es un poco ese cojín que nos acoge y nos abraza. Termina la vida laboral pero se quedan aquí esperando volver a subirse en el carro. De hecho, ahora mismo, se apuntaron diez personas para el plan de empleo de Langreo con la intención de que si salen en el sorteo, ¡pues genial!

– ¿Cómo es el día a día en el centro, ahora mismo?

– Es distinto con el covid y mucho más mecánico todo. Aunque intentemos que sea lo más parecido posible en rutinas, trabajos y talleres, hay una realidad que no podemos cambiar.

Nieves Mejuto, con nuestra redactora Bibiana Coto, durante la entrevista.

-Al margen de esta problemática, a qué problemas os enfrentáis a nivel global.

– El centro tiene el problema crónico de vivir de una subvención que siempre viene bien pero se queda pequeña. Luego, si hablamos de personas con discapacidad, uno de los problemas es cuando faltan sus mayores o tutores legales. A nosotros se nos pueden morir los padres, pero contamos con recursos para hacer frente a la situación. Aquí tenemos personas que están empezando su proceso de envejecimiento y que, al faltar sus padres, se encuentran con que tienen que cambiar sus rutinas para marchar a lugares más grandes como Gijón o Oviedo donde hay pisos tutelados. Tener este recurso en el Nalón para que no tengan que hacer ese cambio y salir de su entorno, sería fundamental.

-Treinta años dan para mucho. ¿Cómo lo vais a celebrar?

– El día, en sí, ya lo celebramos con una tarta. El resto de actividades las atrasamos a finales de año esperando que la situación mejore. Queremos hacer un mosaico que conmemore los 30 años del centro y ya tenemos el diseño y la historia que irá en los azulejos. Por otra lado, el IES Cuenca del Nalón nos está haciendo una sorpresa que irá en la pared exterior de abajo para que se vea desde la carretera y también están trabajando el tema de la discapacidad. Y nos queda por hacer también la comida especial, que no se puede dejar pasar porque las comidas aquí siempre son muy especiales.

-¿Qué están preparando ellos cara a la celebración?

-Han hecho vídeos contado anécdotas que recordaban en estos treinta años, hablando de cosas del centro… Porque esto también es importante, yo no me quiero centrar solo en los que estamos trabajando si no en la gente que ha ido pasando por el centro en todos estos años.

-Durante todo este tiempo y más, ahora con la pandemia, ¿estáis sintiendo el calor de la gente? Sé, por ejemplo, que estuvieron con vosotros miembros de la asociación de vecinos de Vega.

-Sí, vinieron hasta aquí y además lo hicieron en un día muy especial: el día del amor – que no de los enamorados -. ¡Mira que cosa más guapa! Les pedimos que participaran con nosotros justamente este día, por ser nuestros vecinos. Con tan mala suerte que tuvimos un positivo entre los usuarios y se suspendió todo. Pero como no nos para nada, en lugar de en febrero lo hicimos en marzo.

Para mí, es muy importante establecer lazos porque somos un centro de integración y, si ahora con esto no se puede salir, pues nos tenemos que apoyar más en lo online.

-¿Qué nos queda para la integración? Ya avanzamos en cosas porque, habrá quien no lo sepa, pero hubo una época en la que ni siquiera eran candidatos a vacunación porque “para qué”.

-Nos queda visualizar. Ver. Mira, todavía tengo un volante médico de los que daban antes.. del 94 eh, tampoco de hace tanto… en los que se escribe determinados datos clínicos de una persona y se termina con el diagnóstico “subnormalidad”. Pero es que, no hace muchos años, uno de los usuarios que fue a consulta de especialista por una incontinencia urinaria tuvo un diagnóstico que ponía “deficiencia mental”. Y esa persona tiene el mismo problema y el mismo aparato urinario que tengas tú o que tenga yo, y su discapacidad no tiene nada que ver con la incontinencia urinaria que se había desarrollado y que nunca antes había tenido.

-Lo que expones es muy claro. Pero supongo que, de una manera más sutil, también existen estas diferencias.

-Se ve muy fácil cuando nos centramos en la discapacidad física y quizás sean estos los ejemplos más claros para pillar los detalles. Cerca de mi casa están haciendo una obra para una entidad social. Bueno pues yo, con mi deformación profesional, me fijo en los accesos. Ponen una rampa y al otro lado un escaloncito de nada que, además, va a valer para que cualquier persona pise mal y se haga un esguince porque es muy pequeño. Bueno, pues lo normal no es dejar bordillos o hacer escalones y lo “raro y lo especial” hacer rampas. Lo normal es la rampa. Porque la rampa la va a poder subir quien no tenga ningún problema de movilidad, pero también quien sí lo tenga, quien tenga que ir con un carrito de bebé, con el carro de la compra o quien haya tenido un accidente puntual y vaya con muletas. Y sin embargo, la rampa es la excepción y el escalón es lo normativo.

Pues esto que te digo lo puedes trasladar a cada departamento administrativo, consejería o nueva ley que se haga. No podemos seguir pensando en integrar dentro de la sociedad;  hay que pensar  en incluir, porque son parte de la sociedad desde que nacen.

-Seguimos diferenciando.
-Sí. Y tenemos que incorporar a nuestra vida que lo diferente no es necesario señalarlo.

-¿Se consigue romper alguna vez con “esa mirada hacia lo diferente”? -Sí, sí se consigue. Por ejemplo el teatro fue algo que nos abrió muchas puertas para que se nos conociera y para favorecer la integración. El público se sentaba y veía gente con discapacidad representando una  obra. A los cinco minutos, sobre el escenario, ya no existía eso. Era Rufa la sidrera que bebía orujo a escondidas; Pepe que tenía un lío de faldas,… Con el teatro se caía esa barrera que siempre llevamos con nosotros.

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