Q de Queso

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Enfrascada en el ordenador María no se dio cuenta de que a su lado colocaban un paquete calificado como “Frágil y Urgente”. Al percatarse se giró y vio a su compañero de trabajo marchar.

-Te acaba de llegar a la puerta… Viene de Asturias.

María abrió la caja, introdujo la mano derecha y sacó una pieza de queso, era queso casín. Lo reconoció bien. Sonrió. Con suavidad se llevó el queso a la nariz y aspiró. Dos segundos de aspiración que, de repente, le quitaron veintipico años de encima y la llevaron de la oficina iluminada con fluorescentes hasta la carbonera oscura del abuelo de su amigo Pablo en el verano del “Desembarco Polaco”.

En la barriada llamaban así al mes de agosto en el que seis familias de mineros polacos llegaron al pueblo para vivir. Cinco años antes habían recalado en la zona para trabajar en los pozos varios polacos, todos hombres y todos mineros. Pero el verano del Desembarco fue distinto. Seis de aquellos hombres habían vuelto de sus vacaciones de verano con mujeres y niños. De la noche a la mañana, dos semanas antes de que empezara el colegio, habían llenado el barrio (y la Iglesia, cosa que el párroco Don Roberto agradeció) de pelos rubios y un acento imposible.

Pablo y María subidos al muro de la escuela, aún cerrada, miraban a los niños rubios y polacos con desconfianza.

-¿Tenéis pensado quedaros ahí esperando a que abra el colegio o qué? Anda-i y dir a jugar con ellos–les dijo Cisco, el abuelo de Pablo, que pasaba frente a ellos cargando una caja. La agarraba con las dos manos como si llevara un tesoro.

-Na, güelu, estos guajes nun saben hablar bien. Nun los entendemos.

Q-deQuesu

Cisco se giró sin soltar la caja, miró a los minipolacos y miró a su nieto y a María.

-Pues no sé si sabrán hablar bien pero me da la impresión de que jugar al escondite lo hacen igual que vosotros así que venga, levantaos de ahí y a jugar con esos guajes que deben pensar que sois unos rancios.

A regañadientes, María y Pablo se acercaron al grupo de niños nuevos y rubios que hablaban raro. Los recibió la sonrisa enorme de una niña pecosa, más o menos de su edad, que se llevó una mano al pecho y dijo.

-Mónica.

Dos semanas después, cuando empezó el colegio y la niña se sentó en su misma fila, supieron que en realidad era Monika de apellido Glombitza (lo que hizo que sus dos amigos la llamaran ya para siempre cariñosamente “Gozilla”).

Pero antes de todo eso, esa tarde de encuentro en la que Cisco los obligó a jugar con ella, era solo Mónica que, de repente, al sentir unas palabras en polaco que Pablo y María no entendieron (como todo) los cogió a cada uno de una mano y echó a correr.

Los dos corrieron tras Monika hasta las carboneras, una de ellas estaba medio abierta. La nueva niña rubia y polaca sin dudarlo los hizo entrar. Y cerró la puerta tras ella. En la oscuridad, Pablo tropezó con algo y calló al suelo.

-Joder… -gritó Pablo.

-Shhhh…. –dijo Monika.

-Mira, en Polonia también se pide silencio diciendo shhhh. –apuntó María.

-Muy graciosa- reflexionó Pablo que quejándose añadió- A ver, encender la luz, está ahí al lado de la puerta, que esta es la carbonera de mi güelu. ¡Joder!

María levantó la mano y presionó el interruptor. Con el tropiezo, una caja se había abierto y de ella había salido rodando un queso. María lo recogió y lo aspiró con fuerzas. Después rompió un pedazo para dárselo a Monika.

-¿Qué haces? ¿Son los quesos de mi güelu? Si se entera nos mata… Los va a buscar a Casu y los tien contaos. Son su tesoro–dijo Pablo.

-Venga, Pablín, a ver si se va a creer esta guaja que somos unos rancios. –María acercó otro trozo de queso a su boca y le pidió, con la mirada, a Monika que la imitara. La niña rubia y polaca probó el queso de Cisco.

-¡Joder! –gritó al masticarlo. Y sí. Esa fue su primera palabra en castellano de la vida.

María volvió a aspirar fuerte el olor de aquel queso que le había llegado en una caja a la oficina. Y volvió a sonreír. Se percató que en el fondo del paquete había un recorte de periódico encuadrado. La noticia traía foto y un titular: “El mejor queso casín del año, con acento polaco”.  Le dio la vuelta al marco. “Gracias por enseñarme el tesoro. Firmado: Gozilla”.

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