“Los científicos tenemos que colaborar y no competir entre nosotros porque estamos trabajando para la sociedad y no para nuestros egos”

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La científica langreana con la revista donde se publicaron sus estudios sobre una nueva vía para frenar la metástasis del cáncer de mama.

La bioquímica langreana Zafira Castaño Corsino (Gargantada) es profesora e investigadora de la Escuela de Medicina de Harvard, en EEUU. Este año ha publicado un estudio en la prestigiosa revista “Nature Cell Biology” donde se identifica una nueva vía paa frenar la metástasis en el cáncer de mama

  • ¿Cómo es su trayectoria hasta que acaba llegando a EE UU?
  • Mi carrera se la debo al apoyo de mi familia y a todas las personas que a lo largo de mi vida han ido ejerciendo como mentores o profesores. Durante las fases iniciales de mi formación, el profesor de ciencias Ángel Berdejo en el Palacio de Granda, hasta la carrera con profesores como Koldo Osoro, la Dra. Nuño o Pilar Sema, que me explicaron lo importante que era incluir en mi formación estancias de verano en centros de investigación o trabajos como alumna interna en departamentos de la universidad. Tras terminar la carrera de bioquímica en la Universidad de Navarra me aceptaron en el equipo del Dr. Rubén Pío para lleva a cabo un doctorado sobre cáncer de pulmón. Después, Robert Kypta me dio la oportunidad de continuar mi formación científica bajo su supervisión en el King’s Colege de Londres. Fue allí cuando empecé a replantearme mis ideas. Hasta ese momento yo pensaba que si tenías buenas ideas daba igual en qué país trabajases pero trabajar en Londres me hizo ver que aunque las ideas sean las mismas, la forma de ejecutarlas y de dar respuesta a los problemas, de colaborar con expertos que complementen tu trabajo, es diferente. Entonces decidí que tenía que ir al frente y dar un salto al extranjero.
  • ¿Es así como llega a EE UU?
  • Sí. Decido buscar laboratorios de referencia en los temas que me interesaban y empiezo a contactar con diferentes laboratorios. No era fácil porque además de curriculum había que preparar una carta de motivación que te hiciera destacar entre todos los demás demandantes. Pero gracias a la ayuda de un compañero, Victor Campa, conseguí llamar la atención de tres laboratorios eligiendo, al final, trabajar y especializarme bajo la supervisión de la Dra. Sandra McAllister en la Universidad de Harvard.
  • ¿En qué consiste la nueva vía que habéis estado investigando para frenar la metástasis?
  • En observar las interacciones que existen entre el tumor primario y las células metastáticas diseminadas, durante los estadios tempranos del cáncer. Es decir, cuando el tumor primario aún no se ha detectado y las células metastáticas se han diseminado. Nosotros queríamos ver cómo respondía el cuerpo a la respuesta inflamatoria que el tumor primario induce.
  • ¿En qué consistió el estudio?
  • Utilizamos diferentes tipos de tumores primarios de cáncer de mama en modelos preclínicos (el paso anterior a la investigación con humanos, que se lleva a cabo en ratones), y vimos que el fenómeno se repetía en algunos de ellos. A continuación estudiamos qué era lo que hacía diferente un tumor primario que inhibía la metástasis con otro que no lo hacía, y lo que pasaba específicamente en los pulmones para inhibirlos. La conclusión fue que los tumores que inhibían tenían en común que movilizaban unas células del sistema inmunológico concretas (los neutrófilos) que en ese caso iban cargados de una proteína que era vertida en los pulmones (la citokina IL1B),
  • ¿Qué consigue esa proteína?
  • Por un lado, retroalimentar la respuesta inflamatoria en los pulmones, y por otro inhibir la diferenciación y crecimiento de las células metastásicas.
  • Esta investigación arroja resultados muy interesantes y abre nuevos campos. ¿Hacia dónde se va a avanzar ahora?
  • El descubrimiento ha sido clave por dos motivos. El primero, en el tumor primario donde también hemos visto niveles altos de IL1B, hemos podido encontrar un potencial biomarcador que nos indique si los pacientes van a tener una mayor supervivencia – de hecho llevamos a cabo estudios retrospectivos con más de 1,000 pacientes con cáncer de mama, y encontramos que aquellos con altos niveles, tenían una mayor supervivencia a 10 años-. En segundo lugar, los mecanismos que hemos descubierto en los pulmones, ahora nos pueden ayudar para diseñar nuevas inmunoterapias basadas en la liberación sostenible de IL1B en los pulmones. De hecho ya hemos empezado una vía de colaboración con el instituto Bioforge en la Universidad de Valladolid que nos permita potencialmente inhibir el crecimiento de metástasis, aún cuando los pacientes no tengan un tumor primario que les haya protegido.
  • En los últimos años estamos viendo avances científicos que se producen en el campo de la inmunoterapia. ¿Puede el cuerpo curar al propio cuerpo?
  • El cambio de paradigma ha llegado con la inmunoterapia, y con la capacidad de reprogramar nuestro propio sistema inmunológico para detectar como extrañas nuestras células tumorales/metastáticas y atacarlas para destruirlas. Hay esperanza, pero también tenemos que ser cautos. En la última década, la inmunoterapia ha sido clave para curar algunos pacientes con cáncer metastático para los que no había cura hasta el momento, pero no es infalible y todavía un alto porcentaje de pacientes no responden. Además tiene asociados alta toxicidad y efectos secundarios. Por ese motivo, se están llevando a cabo grandes esfuerzos en hospitales y compañías farmacéuticas de todo el mundo. Como nota de “color” te puedo decir que casi mil ensayos clínicas se están llevando a cabo con inmunoterapias en EEUU.
  • ¿A qué problemas se enfrenta la comunidad científica?
  • En EEUU existe una destacada inversión público-privada para la investigación, por eso la innovación biotecnológica está allí. En mi opinión, una parte de ello se debe a que la sociedad entiende la importancia y la necesidad de llevar a cabo investigación, para avanzar y crecer como sociedad. En España, aún veo un déficit en esa comunicación que puede ser debido a que los científicos nos encerramos explicando con un nivel muy técnico; o a que los medios de comunicación no invierten más medios y recursos para divulgar la ciencia. Yo siempre pienso, que si mis abuelos o mis padres con quién muchas veces hemos hablado de oncología por teléfono, puede entender lo que yo estoy haciendo y lo que quiero hacer en el futuro, el resto de las personas lo entenderán y podré transmitirles a todos mi pasión y la necesidad de nuestro trabajo. Además, otra cosa que he aprendido en EEUU es que la ciencia no puede concebir como individualista y competitiva, sino como colaborativa y universal. En Boston se llevan a cabo grandes esfuerzos de colaboración. Se organizan conferencias en la ciudad donde trabajos que no han sido publicados, pero que serán publicados en los próximos años en las revistas más prestigiosas del mundo son compartidos en la comunidad.
  • ¿Cómo surge la fundación IMFAHE?
  • Después de varios años en EEUU tomé la decisión de que no volvería a España lo que me llevó a tomar acciones junto a otros científicos españoles que estábamos en Boston y aunar esfuerzos para crear esta fundación. Queríamos evitar la llamada “fuga de cerebros” a la vez que creábamos autopistas de colaboración seguras entre científicos y profesionales españoles con centros top del mundo. Desde el año 2015 en el que la fundamos, hasta ahora, hemos conectado a más de 300 profesionales abriendo una ventana al mundo a las siguientes generaciones de científicos y profesionales españoles.
  • Además, hemos creado capital semilla para fomentar colaboraciones entre científicos españoles y extranjeros, creando hasta el día de hoy 48 becas de excelencia, junto a sus universidades e instituciones colaboradoras gracias a las cuales, casi el 50 % de los alumnos han sido escogidos por centros de excelencia mundial como la Universidad de Harvard o el MIT de Boston. Este proyecto me está permitiendo conocer a muchas personas -incluidos asturianos – que están liderando en sus campos, y que de otro modo no habría conocido.

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