“Las dificultades de vivir en el medio rural era lo que más me interesaba”

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José Díaz, un enamorado del parque de Redes y de Caso, es el director y protagonista de un documental que está dando la vuelta al mundo y que recientemente se ha proyectado en Londres. “100 días de Soledad”, rodado íntegramente en este concejo del Alto Nalón, es un canto al medio rural y una reflexión profunda sobre las cosas que de verdad importan. De su proyecto y de los que vendrán, nos habla en LA CUENCA DEL NALÓN.

 

-¿Cómo surge la idea de ponerte a rodar este documental?

-Fueron un cúmulo de casualidades. Siempre había ido a Redes, incluso antes de llegar a comprar la cabaña. Con el tiempo fui haciendo de guía para diferentes personas y, en una de esas ocasiones enseñé el lugar al productor de cine José María Morales. Él se interesó por mi y me dijo que si podía echarle una mano con el documental “Cantábrico”. Al final no pude hacer esa colaboración, pero sí que le planteé la idea de rodar esto ya que en aquel momento estaba leyendo un libro con experiencias similares de Thoreau, y me pareció que podía ser un buen tema.

 -Pasó “100 días en soledad”  y solo hablaba con Atila, su caballo. ¿Cómo se enfrenta uno a esta situación?

-Realmente visto desde fuera parece una cosa complicada pero para mi no lo fue. Es un territorio que conozco muy bien, en el que me siento muy a gusto. A mi la naturaleza me gusta mucho, la cabaña tiene las comodidades que a mi me hacen falta. Soy bastante austero y con muy poco me apaño. Es un medio, además, con mucha belleza. No es un desierto, no es una zona inhóspita. La soledad, de hecho, la siento en otros lugares donde hay más gente. Allí no me siento solo para nada. Realmente no me tuve que enfrentar a una experiencia dura de soledad, en ningún momento la sentí así.

-¿Cómo es sobrevivir en un medio rural teniendo que autoabastecerte?

Bueno, quizás una de las partes de la experiencia que más me interesaba vivir y mostrar a los demás es la complicación, lo difícil y lo duro que es vivir en el medio rural. A mi me hubiera resultado más cómodo subir comida y no haber subido gallinas, pero si quería sentir un poco lo mismo que siente la gente que las tiene. Los miedos a que se la coma la jineta, qué pasará si viene el lobo. De hecho, para el documental también subí unas ovejas que eran parte de esa experiencia. Quería ver cómo protegerlas y enfrentarme a los problemas que se enfrenta la gente en el campo. Sin embargo, al segundo día se me escaparon para el pueblo y tuve que continuar sin ellas.

Desde el primer momento quise vivir una experiencia como se vivía antiguamente y por eso subí con mis propios animales, hice mi huerta y fui autosuficiente. A veces pensamos que para ser felices e independientes necesitamos mucho, pero podemos serlo con muy poco.

-Pasó miedo en algún momento con la fauna. Se me ocurre por ejemplo la visita de los lobos…

-La verdad es que no. Tengo  un conocimiento profundo del comportamiento habitual y sé que puede haber momentos puntuales en los que un jabalí ataca pero en general la fauna salvaje es muy poco peligrosa siempre y cuando tú la respetes. En general, me da más miedo coger un avión o un tren para estar en la naturaleza.

José Díaz. a la derecha, durante el rodaje.

“Cuando estas cien días solo comienzas a ver los márgenes de mejora que tienes, te das cuenta que lo principal está en la familia y no en lo material que creemos necesitar”

-En el documental, el espectador percibe un hombre enamorado de su familia. Esta parte tiene pinta de ser la más difícil.

-Sí, fue lo más complicado. Puede que la experiencia fuera sacrificada y cansada pero lo que más me costó fue estar sin la familia.

-Sé que tiene un proyecto en marcha y, aunque no nos pueda dar muchos datos, si me gustaría que nos adelantara algo.

-Pues es un proyecto que en total sumaría 100 días y que se dividiría en once capítulos en los que subiría a la cabaña con once personas de distintos perfiles para permanecer con ellos durante nueve días. Al final lo que busco con ello es, sobre todo, trasladar las experiencias de esas personas que seguro pueden mandar mensajes positivos a la sociedad.

-¿Cómo le cambió la experiencia?

-Cuando llevas más de una semana sólo comienzan a aflorar los sentimientos que además se hacen más intensos porque no tienes una relación con el mundo exterior. A partir de ahí, es como si empezaras a verte desde fuera. Es una sensación difícil de explicar pero digamos que comienzas a verte más como eres, más imperfecto, ves los márgenes de mejora que hay en tu vida, lo que es importante.

-Una parte fundamental del documental es la música que hacé tu hijo, Pablo Díaz Fanjul.

-Sí. Fue una propuesta mía al productor que iba muy en la línea de lo que queríamos hacer. Una producción propia, con poco coste, sin grandes medios. Yo quería que fuera él porque sé que tiene un gran talento y porque me conoce muy bien a mi, que soy su padre, y el lugar donde estábamos rodando. Puede que yo tuviera más fe que el productor pero él quedó también contento con el resultado. La música de Pablo, creo, complementa muy bien la historia.

-Una historia que por otra parte está encantando al que la ve…

-Sí, la verdad es algo que me está sorprendiendo y que sorprende especialmente al productor que está más acostumbrado a estas cosas. Él lleva mucho tiempo haciendo cine con presupuestos millonarios y actores muy importantes y no se esperaba un resultado así. De hecho, de la que estábamos montando me decía “José, una película de hora y media no puede ser. Es mucho tiempo para tener a la gente en el cine y resulta que ahora, hay gente que nos dice que se le hizo corto y que   tenía que haber durado un poco más. Y en ese sentido los mensajes que llegan no son de un “oye, me gustó la película”, “estaba entretenida”. No. La gente hace comentarios diferentes como “me llegó al corazón, me despertó la conciencia, me hace ver lo poco que somos”. Creo que el mensaje de sencillez, de austeridad, de ser conscientes que no estamos viviendo de la forma adecuada, que la familia es mucho más importante que las cosas materiales que queremos es lo que hace que “100 días de soledad” llegue a quien la ve.

-Bueno, y llegados a este punto tengo que preguntarte por Calleja y el programa “Volando Voy” porque fuiste uno de los que estuvo “arreglando” el Camín Real.

-(Se ríe) Bueno, no estuvo mal. Yo entiendo que es un programa para dar a conocer Redes y que en este sentido le va a venir muy bien al parque y a la gente que vive en ella. Luego está la parte en la que el programa intenta dar un incentivo para que se hagan cosas, en este caso el Camín Real, que no deja de ser una manera de poner el foco de atención en algo. Nosotros estuvimos allí moviendo un par de horas pero lo importante de verdad es la labor del alcalde y de la empresa que se comprometieron a seguir arreglando este camino. Y luego, lo que si que me encantó, fue conocer a personas como Marigel o que los espectadores pudieran conocer a Héctor y su familia y vieran que hay otras maneras de vivir y de ser muy felices; e incluso que pudieran conocer a una mujer como Enedina (con repaso a Calleja incluido).

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