La parte y el todo de la segunda Balada

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Alfonso Zapico presenta el segundo tomo de su trilogía y se introduce de lleno en la Revolución del 34

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Ser una parte y ser un todo. Eso es en lo que se ha convertido el segundo tomo de La Balada del Norte (Editorial Astiberri, 2017). Es una parte de una trilogía con la que el blimeíno Alfonso Zapico nos acerca a la Revolución del 34, es una parte de la historia de la lucha obrera, es una parte de nosotros. Pero es también un todo. Completo, que no cerrado (y menos mal).

El todo lo compone la manera que tiene Zapico de entretejer las historias de los personajes que pueblan sus páginas. Y el todo son, por supuesto, Apolonio y Tristán; el Marqués y, claro, la fantástica Isolina. El todo son los mineros y los guardia civiles, los militares, las carboneras, los curas, los presos, las balas, los amores… Y el todo son también los trazos que desgranan edificios, calles, pueblos, ciudades y minas. Dibujadas los hombres, las mujeres, los lugares y los tiempos como solo puede hacerlo la mano del ojo que se fija muy bien en el mundo que le rodea.

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Este segundo tomo nos recoge en el punto exacto donde nos dejó el primero, los comienzos de la revolución minera, los comienzos de un caos que aún tenía mucho que decir en los siguientes años.  Y nos recoge justo en el momento en que el joven periodista Tristán Valdivia, vuelve enfermo a la casa paterna, buscando refugio en la capital a la que aún no ha llegado la lucha. Los sublevados avanzan arrasan todo a su paso. Y en su paso, claro, aparece la ciudad y aparece Tristán y con él el Marques. Para saber el lugar en el que acaban todos, hay que leerse (y disfrutar) el libro.

El segundo Balada lo prologa Javier Pérez de Albéniz. Un periodista de los que se llaman (o más bien los llaman) “curtido” y conocido por su escaso problema en decir lo que piensa. Lo que piensa de esta obra de Zapico lo resume en una sola página en la que empieza reconociendo que es un tipo con suerte solo por el hecho de poder leer lo que introduce antes que el resto. Y también dice: “Tiene ante sí un mundo por explorar, una España partida en dos que, además de molerse a garrotazos, ofreció destellos de humanidad, de valor y de esperanza.  Seguramente ha visitado lugares parecidos, ese primer tomo inolvidable, pero cuidado porque la aventura continúa y está llena de sorpresas”.  “El autor mira con indulgencia las grandezas y debilidades de todos ellos, en un alarde de conciencia ética, de observación empírica, de sensibilidad artística. Y lejos de juzgar, cuenta”, concluye Pérez de Albéniz.

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Otro nombre, un grande, también nos da paso a la segunda balada. Es Chejov (un clásico para todos pero, mucho, para Alfonso Zapico). Dice el escritor ruso en la página previa al comienzo de la historia: “Son muchas las opiniones que se sostienen en este mundo, y una buena mita de ellas pertenecen a individuos no se han encontrado nunca en situaciones difíciles”. Y es que la segunda balada es nada más y nada menos que eso, la historia de personas que podíamos haber sido cualquiera de nosotros pero que, por suerte o desgracia, les tocaron vidas difíciles. Partes de un todo.

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