Hay que luchar por la libertad sin vivir en el rencor y la venganza”

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Ángeles Flórez Peón, “Maricuela” nació en Sotrondio hace casi un siglo y es historia viva de nuestro país. Era una joven cuando pasó a formar parte de las Juventudes Socialistas Unificadas y no dudó en alistarse como miliciana tras el golpe de estado del 36. El suceso la pilló de sorpresa cuando interpretaba en el teatro “Arriba los pobres del mundo” con el papel protagonista, Maricuela. De ahí que se quedara su sobrenombre.

Ángeles Flórez Peón 'Maricuela'.

Ángeles Flórez Peón ‘Maricuela’.

 

-¿Cómo se anima a escribir sus memorias?

-Yo no soy escritora ni nada. Las memorias las escribí para mi, callando, para que mis nietos y mis biznietos pudieran saber qué paso. No me podía morir con todo esto, sin contarlo a los más jóvenes que muchas veces no saben que ocurrió porque lo dejamos pasar y callamos. Yo no soy escritora ni nada. Escribo tal cual hablo, pero tuve mucho éxito en mi categoría e incluso hay una chica que hizo una tesis sobre mi y salí veinte minutos en una televisión turca que se interesó por mi.

-¿Cómo llegas a alistarte como miliciana?

-Me alisto porque creía en la república y ésta estaba siendo atacada. Una república que llevó la escuela a los pueblos donde había mucha gente que aún no sabía leer o escribir. Cuando me presenté como voluntaria yo ya estaba en las Juventudes Socialistas Unificadas que hicieron una gran labor formando a la juventud y uniéndola. Sin ellos no hubiéramos podido hacer nada. Pero mi lucha de verdad comenzó en el momento en que mataron a mi hermano. Él había ido a la Revolución de Octubre en Oviedo pero lo hirieron en una pierna y al regresar lo fusilaron junto a otros compañeros. Lo dejaron en una fosa común en Carbayín. Ahí empezó mi lucha. Cuando estalló la guerra civil decidí que tenía que defender la república y me presenté como voluntaria para ser miliciana.

¿Cuál era el papel de la mujer en la guerra?

-Normalmente estábamos en la retaguardia preparando la comida y también curando a los heridos como enfermeras. Éramos muy pocas. Yo nunca cogí un arma, pero teníamos un papel muy  importante.

-¿Qué recuerdos tienes de aquella época?

-Vi mucho sufrimiento. Uno de los recuerdos más tristes fue cuando me enteré de la muerte de una de mis compañeras en el frente estando yo con un permiso en casa. Cuando había mucho peligro íbamos a llevar la comida a la trinchera y te llovían balas de todos los lados, no sabías de donde. Tenías que ir a ras, con una cacerola… pero mi amiga ese día no se agachó bastante.

-Usted también pasó por la cárcel.

-Sí, tuve un consejo de guerra en el que debían decidir si me condenaban a muerte. Si fuera creyente te diría que debo de tener un ángel de la guarda que me estuvo ayudando todo el tiempo para que consiguiera vivir y llegar aquí.

Ángeles Flórez, en un momento de la entrevista.

Ángeles Flórez, en un momento de la entrevista.

-¿Cómo se reconstruye la vida tras una guerra civil?

-Mi vida empezó cuando llegué a Francia exiliada porque si no estaría en el monte en una cuneta. Mi sitio era el cementerio. En Francia llegamos sin nada, pero vivimos tranquilos. Podíamos dormir y ser felices.

-Con toda la familia en Francia decide regresar a España.

-Volví a España cuando murió mi marido, yo iba a tirar las cenizas allí pero cuando llegó mi hija me dijo: “yo quería que papá fuera a L’Entrego” y yo dije, pues nada… cómo no lo dijiste en vida que igual tu padre estaba contento. (Se ríe). Pero bueno, fue así. Al principio venía unos meses y luego marchaba. Después de tres años, en el 2005, me quedé en Gijón.

-Mujer socialista y republicana. Ángeles, como te sientes con el triunfo de la primera moción de censura que coloca como presidente del gobierno a Pedro Sánchez.

Muy bien, aunque con miedo porque tengo cien años de experiencia conociendo a los fascistas. Con miedo de que hagan trampas, mientan y calumnien para conseguir el poder.

-¿Cómo era la España a la que regresaste?

-Pensaba que por fin había unión en el país pero luego me di cuenta que no. Vinieron las bombas en los trenes de Madrid y con ellas las mentiras y calumnias. Empezaron a decir que habían sido los rojos, y entonces ya vi que la cosa no estaba normal.

 

-Desde que llegó ha vivido también algunos momentos históricos. Entre ellos el resurgir del movimiento feminista, ¿cómo ha visto este movimiento?

-Es magnífico. Muy contenta de ver cómo las mujeres han salido a la calle primero con el Tren de la Libertad y luego con la manifestación del 8 de marzo.

-Esperaba ver algo así cuando era joven.

-Cuando yo me casé fui la primera que dije a mi marido: “cuando me caso yo, te casas tú. Yo seré igual que tú, juntos, compañeros”. De aquella las mujeres se casaban y tenían hijos a los que luego no tenían que dar para comer y los niños tenían que trabajar. Ver el avance de la mujer es magnífico.

Por otra parte el ordenador es estupendo porque en el momento te pones de acuerdo con todo el mundo. Yo lo digo a los estudiantes y a los japoneses que me mandan cartas, si os ponéis todos de acuerdo y os ajuntáis, el mundo cambia. Podéis hacer un mundo humano y libre.

-¿Cuál es el secreto de su longevidad?

-No pensar mucho en la muerte. Yo creo que hay personas que se llegan a pasar de la cabeza por pensar tanto en ella. Ahora mismo hay una chica que me viene a limpiar la casa así que todos los días cuando me levanto: me ducho, me maquillo y salgo a la calle. Y si compro algo de ropa o algo, me lo pongo ya. Que quede estrenado.

-Supongo que tener tantas veces la muerte cerca cambia la perspectiva. Usted la vivió muy de cerca en la cárcel.

-Sí. Lo peor fue el sufrimiento que vi en la cárcel. Veía como llevaban a las mujeres para fusilarlas. (Se emociona). Recuerdo a una madre que la llevaban para fusilar y sabía que también iban a matar a sus hijos. Es una cosa horrible. También te digo una cosa: hay que saber qué ocurrió pero no podemos estar viviendo en el rencor y en la venganza. Creo que los fascistas deberían reconocer qué pasó y luego decir “lo hicimos mal”. Y con fascistas no incluyo a las personas del PP porque uno puede ser de derechas y no ser fascista.

-Bueno, Ángeles, cien años va a cumplir y tiene las ideas muy claras. ¿Hay que seguir luchando?

-Sí, porque ahora tenemos libertad pero nos la pueden quitar en cualquier momento.

-¿Qué saca en positivo de estos últimos años?

-Cuando llegué aquí otra vez la gente me recibió con los brazos abiertos y allí donde voy a presentar el libro o cuando vosotros me hacéis entrevistas – que ya ves tú, yo no soy importante ni nada – pues siempre veo caras sonrientes y eso me llega. No sé, veo a la gente joven delante de mi como tú y que está atenta a lo que digo y sonríe, porque siempre sonreís. Y eso, a mis cien años, me hace estar feliz.

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