Febrero, d´Antroxu

– A ver Pablín, repíteyos a estos la historia que te contó tu güelu de lo que facíen en la escuela de Ladines pa Antroxu. – le dijo María a su amigo del alma.

Entonces Pablo con cara de paciencia  dejó los rotuladores sobre su pupitre, levantó la vista y se encontró a treinta pares de ojos mirando para él. Lejos de asustarse, carraspeó  y comenzó a relatar lo que le había escuchado contar miles de veces a su güelu Cisco. En la escuela de Ladines era tradición que unos días antes de Carnaval los guajes hicieran una colecta y entre todos compraran un gallu, después, el viernes antes del martes de Antoxu uno de los guajes mayores no iba a clase excusando que estaba enfermo, entonces a media mañana, y azorronando, aparecía en el colegio con el gallu a cuestas, entraba silenciosamente en la clase y cuando menos se lo esperaba el maestro, ¡Zas!, le tiraban el gallu a la cara. ¡Viva el gallu!, gritaban todos los guajes. Y después, nada, lo típico, el maestro se quedaba con el animal y, si no había ninguna cosa rara, pues lu mataba y se  lu comía, a veces si los neños se habíen portado bien, también los invitaba a ellos y todos contentos

-…porque además, mi güelu Cisco siempre diz que los maestros de enantes pasaben muncha fame, que los de ahora ya no, porque como son funcionarios, pues ya cobran bien del Estado. Y que de aquella, en realidad famefame pasaba tol mundo. Como será que mi güelu cuando i digo que tengo fame siempre me da una colleja de efecto retardado, que me está doliendo toda la tarde, porque diz que los guajes de ahora no tenemos ni idea de lo que ye la fame, que fame pasaronla él y los sus amigos en la postguerra que ni huertes había pa plantar patates. Que lo de ahora, como mucho, ye apetitu o refalfiu. Y bueno, nada, volviendo a lo del gallu, mi güelu decía que había que tener mucho cuidao porque una vez a un maestru de Oviedo tiranoni el gallu y le dieron tal susto que el paisano casi muere de un infarto, que quedó remoto durante unos segundos y que después nunca volvió a ser el mismo. Trasvoló.

Los treinta pares de ojos, a estas alturas del relato de Pablo, estaban tan abiertos que a alguno parecía que se le iban a salir de las córneas. María asentía con seriedad a todas y cada una de las palabras de su amigo como diciendo: “Ya os lo dije yo”. Se levantó, dio dos palmas y dijo:

-Bueno, ¿entonces qué? ¿Os animáis a tirai el gallua la maestra el día de Carnaval?

El murmullo en la clase fue de menos a mas. Había opiniones para todos los colores. Las más dispares las defendían, en un lado de la balanza,  Laura López, que apuntaba que tirar un gallu a la seño era maltrato animal y profesoril y que mejor no. Yen el otro Juan Llano, que gritaba a los cuatro vientos que mejor que un gallu y con el ánimo de diferenciarse de los de Ladines, que por qué no se tiraba un xatín que tenía él en casa unos cuantos y dejaría el ejemplar a buen precio. Además, con buen criterio, Juanín recordó que un xatu daba para más raciones que un gallu y que estaba bien que los maestros ahora no se murieran de hambre pero de ahí a no tocar ni a medio filete entre los 30 guajes de clase y la maestra, que no lo veía.
Tras mucho discutir, la clase de 5º de EGB del Colegio de la barriada llegó a una conclusión intermedia. No le tirarían el gallu, simplemente se lo regalarían, que ya tendría bastante susto la seño Consuelo cuando lu viera ahí metido en la caja. Con respecto a lo de comérselo, pues a criterio de ella, mientras no lu matara delante de todos, que la sangre les daba yuyu (en eso si estaban de acuerdo), que hiciera lo que quisiera. El criterio de la señorita Consuelo tuvo efecto ese año y los cinco siguientes porque Mazcaritu, que así se llamó el animal, no solo fue indultado aquel Antroxu, también los cinco siguientes. Campó a sus anchas por el patio como dueño y señor del recinto.  Murió de una pulmonía una noche de invierno que se había quedado fuera porque Luisa, la limpiadora, no tuvo manera de guardalu en la escuela. Los guajes de 5 de EGB nunca se llegaron a enterar. Ya taben en el instituto.  Para ellos, Mazcaritu ye eternu.

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