“Es más fácil cambiar las leyes que cambiar las mentalidades”

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Elena Ocejo, nueva directora del Centro Asesor de la Mujer de Langreo y Etel Vázquez, su antecesora en el cargo.

Elena Ocejo, nueva directora del Centro Asesor de la Mujer de Langreo y Etel Vázquez, su antecesora en el cargo.

Tras 31 años al frente del Centro Asesor de la Mujer en Langreo la abogada Etel Vázquez ha dado el relevo a Elena Ocejo, presidenta de Abogadas para la Igualdad. Juntas, han concedido una enriquecedora entrevista a LA CUENCA DEL NALÓN.

-¿Cómo os empieza a interesar el tema de la violencia de género?

-Etel Vázquez: Una se interesa cuando tiene conocimiento de algo. El primer encuentro que tengo con la violencia de género –  de aquella ni siquiera se le daba esa denominación- es con 8 ó 9 años cuando una mujer regresa al pueblo tras pegarle una paliza el marido.  “Lo hará porque al final le compensa…” – comenta extrañada al recordar un comentario que en aquel momento no comprendió-. Cuando estudiaba en Oviedo,  llegó  una mujer llena de moratones cuya boda había salido en los “ecos de sociedad” de un periódico, porque el “caballero”, su  esposo,  la había pegado…Entonces la violencia machista no tenía nombre. Es cuando tengo conocimiento de estas situaciones, cuando decido involucrarme, informarme y cuando salen las primeras plazas de Centros Asesores de la Mujer, me presento a la oposición.

-Elena Ocejo: Hace 25 años que ejerzo como abogada, lo que me da una primara visión del problema sobre violencia de género, y posteriormente junto a otras compañeras fundamos Abogadas para la Igualdad entendiendo que la base del problema que vivía la sociedad era ésta. Desde la asociación trabajamos por los derechos de las mujeres en su conjunto de forma colectiva y el conseguir esta plaza me ha permitido dar un paso más hacia el caso personal. Aquí me encuentro con la realidad de mujeres que llegan en situaciones muy críticas.

-¿En qué consiste el trabajo del centro?

-E.O.: En  los casos de violencia de género consiste en asesorar, facilitar la ayuda correspondiente, coordinar con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, con servicios sociales si hiciera falta, e incluso en derivar al servicio de atención psico-social, si en una primera visita vemos que existe esa necesidad. Por otra parte el centro también atiende cualquier necesidad que tengan las mujeres sin que éstas estén vinculadas a la violencia de género; asesoramiento laboral, judicial, civil, etc.

-Etel, cuando llegó aquí era prácticamente una “pionera” ¿Qué problemas institucionales y sociales había?

-Sólo había Centros Asesores de Avilés, Mieres, Vegadeo y aquí. El primer problema era el silencio. No se veía en los informativos a pesar de que había más muertes por “violencia doméstica” que por terrorismo. El maltrato no abría las noticias. Quedaba relegado ámbito familiar, bien  por vergüenza o bien porque eran “cosas de pareja”.

Institucionalmente arrastrábamos esta rémora que comenzó a cambiar con la Constitución en el 1978, en  el 83, antes de la entrada en la CEE en el año 85, hoy UE, y es en el 87 cuando hacen aparición los Centros de la Mujer. La sociedad los recibió de diferentes maneras: mientras unos los consideraban carcas; o un avance en el buen sentido; otros pensaban “qué quieren las mujeres, qué es lo que van a hacer allí”. Por otra parte, acudir a  un servicio público de este tipo significaba una especie de  estigma.

-¿Fue un camino largo?

-E.V.: Fue un camino largo, avalado por diferentes congresos y marcos legislativos nacionales e  internacionales y por el movimiento de las asociaciones de mujeres. No llegamos a los Centros Asesores de la Mujer porque sí, se trabajó desde distintas  áreas y aún queda mucho por hacer. Un avance muy importante se dará cuando nadie diga: “¿y para cuando hay un centro asesor para hombres? ”, cuando se asuma realmente la discriminación a la que desde siempre se han visto sometidas las mujeres en diferentes ámbitos.  Y es que todavía hoy se cuestionan estos centros, pero nadie se cuestiona los recursos de servicios sociales o de atención juvenil, cuya razón de existir y fundamentación es tan  sencilla como la necesidad transformar y conseguir una sociedad igualitaria y justa..

-Etel, sé que no hay un perfil de mujer maltratada, ¿pero siempre se pensó igual?

-No. En un primer momento sí, se barajaba un perfil de mujer que dependiera económicamente del marido, con unas vivencias infantiles determinadas, en riesgo de exclusión social, etc. pero lo cierto es que los estudios psicológicos y sociológicos, y el día a día te demuestran que no es así. No se nace predeterminada para padecer un maltrato. Nadie tiene un letrero en la cabeza que diga “Vas a ser maltratada”. Además, hay que señalar que la violencia no solo es física, o sexual, si no que también puede ser psicológica o coercitiva, y es muy importante decirlo porque durante estos años he visto mujeres hechas añicos sin que hubiera el más mínimo daño físico.

-Elena, a usted la voy a comprometer más. ¿A qué problemas nos estamos enfrentado ahora?

-En relación a cómo comenzó Etel se ha avanzado mucho aunque yo he llegado a la conclusión que es mucho más fácil modificar las leyes que modificar las mentalidades. Un paso muy importante fueron la ley de la orden de protección, la ley de violencia de género y la ley de igualdad, pero no hemos conseguido que se apliquen en toda su extensión. La ley de violencia de género ha sufrido unas 180 cuestiones de inconstitucionalidad que han sido resueltas por el Tribunal Constitucional, que avala la ley asegurando que no se puede tratar por igual situaciones desiguales. Y aquí entra la mentalidad que esta incuso en los propios jueces, y que nos va a llevar más tiempo cambiar.

-En los casos de violencia de género hay un problema clave sobre la mesa que es el de los hijos…

-E.V.: Es una de las cuestiones más complejas. Por una parte, y al contrario de lo que se suele concebir desde el imaginario social, la mayoría de las madres no quieren que sus hijas o hijos pierdan el contacto con los padres, aunque todas esperan que esa relación no sea perjudicial ellos. Por otra parte, en algunos casos son los hijos quienes no quieren tener ese contacto con sus padres o bien en otros  acceden a ello, por miedo y por coacción. Desde mi punto de vista y por experiencia, este es un tema que necesita más atención puesto que a veces la relación resulta contraproducente. Entiendo, eso sí, que su abordaje es muy difícil, hay que  hilar muy fino, y es el Juzgado  el que tiene la última palabra.

Elena y Etel, durante la entrevista.

Elena y Etel, durante la entrevista.

La violencia de género se silenció a pesar de  que el número de mujeres asesinadas superaba el de  las victimas del terrorismo”

E.O.: Antes hablaba de mentalidad. Desde el 2004 el juez puede suspender las visitas e incluso la patria potestad en casos donde los menores hayan  presenciado la violencia. Pero las sentencias en este sentido son pocas. Se prima el derecho del padre; algunas mujeres no quieren que sus hijos crezcan sin una figura paterna. Un maltratador no es un buen padre. Un padre es el que te cuida, que te respeta, que te quiere. Ese sí. Cambiar esta concepción no va a ser fácil.

-Hay otro caso preocupante que es el de los adolescentes. ¿Cómo lo veis?

-E.V.: Hace años que en los centros educativos saltaron las alarmas.  Hemos trabajado a nivel educativo en “Promoción de la Igualdad” y en “Prevención de violencia de género” y está claro que no es suficiente. Se necesitan recursos, formar a profesorado, articular  una línea clara de actuación que no se quede en un par de tutorías o charlas. Habría que ir con el “semáforo” de las buenas prácticas todas las semanas,  mostrar cómo se rompe una relación de una forma no agresiva, cómo se tienen relaciones sanas. No obstante, se les está dando  unos recursos y una visión a la que no ha tenido acceso mi generación ni las precedentes.

-Pero y esto, ¿por qué?

-E. O.: Pues quizás, porque pensamos que al haber conseguido la igualdad sobre el papel ya lo habíamos conseguido todo. Sin embargo no vale con decir que todos somos iguales cuando eso no se traslada a la vida real.

No hay conciliación familiar, las mujeres siguen asumiendo el rol de cuidadoras, hay un techo de cristal, el desempleo nos afecta más. Y los hombres, ellos también son víctimas. Ellos tienen el derecho de conocer y disfrutar, por ejemplo, como es el cuidado diario de sus hijos y de vivir aspectos que, como este, siempre han estado vinculados a la mujer. Son también víctimas de una educación patriarcal que les coloca en una situación en la que muchas veces no quieren estar y de la que tampoco pueden escapar.

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