El año que nos enfrentamos al coronavirus

A penas habían pasado tres meses cuajo toda nuestra vida empezó a girar en torno al coronavirus. La pandemia ha sido, desastrosamente, el eje central del 2020, y con un proceso de vacunación en marcha todo hace presuponer que continuará marcando en 2021. En esta ocasión marcando el camino para su control. Porque, mal que nos pese, deberemos concienciarnos de convivir con una pandemia, y que posiblemente no será la última.

El virus protagonizó 2020 en todo el mundo, los muertos llegaban como mazazos desde gran parte de España, mientras en Asturias, se salía bastante bien parada de la primera ola. Estuvimos días sin un sólo caso, pero vivió un otoño negro que puso a prueba la resistencia del sistema sanitario y de los propios asturianos. Meses de cierres que han dejado herida a nuestra economía, pero también a nuestros sociedad.

Destacamento de militares realizan desinfección por coronavirus en Langreo.

Comenzábamos a disfrutar del 2020 mientras en el otro lado del planeta se alertaba de la existencia de un extraño virus. Se iban conociendo algunos casos, cuando el 29 de febrero en el HUCA ingresaba el escritor chileno afincado en Gijón Luis Sepúlvera. Fue el primer diagnosticado de civid.19, fallecía el 16 de abril. Y le siguieron muchos más. Algunos no contabilizaron. En la actualidad se habla de que en nuestra región los contagios superan los 26.000 asturianos. Su consecuencia más temida, la muerte se ha llevado a cerca de 1.500 asturianos.

El periodo más duro llegó el 15 de marzo, el gobierno estatal declaraba el estado de alarma. La vida como la conocíamos se paraba, para hacer frente al coronavirus las calles de Asturias se quedaban vacías. 99 días duros, calles vacías, salvo para comprar lo más básico y seguir adelante. Con al esperanza de recuperar la vida y para premiar a los sanitarios que desde el día 0 se pusieron al frente de esta lucha los vecinos salían a ventanas y terrazas a las ocho de la tarde para aplaudir y recuperar en la lejanía, con música y aplausos, algo de la ansiada vida social. El 2 de mayo se materializaba la desescalada y se podía salir a la calle por franjas horarias y edades, esencialmente para caminar. Fue el 21 de junio cuando llegó el fin del estado de alarma.

Realización de pruebas PCR en el punto autocovid de Laviana.

El Principado se convirtió en junio, en la primera comunidad libre de covid-19, estando 25 días sin in sólo contagio. Nos convertimos en el principal destino turístico para los españoles. Fue un buen verano con el sector turístico trabajando después de un duro confinamiento que les asentó una  profunda herida. En septiembre se apostó por la vuelta a los colegios, seis meses después de interrumpir la vida escolar comenzaban clases presenciales y semipresenciales Pero en este duro aprendizaje la pandemia siempre ha ido por delante de nosotros y llegó con más dureza y muchos más contagiados era la segunda ola. Golpeo sin piedad a nuestros mayores, y las residencias se convirtieron en ratoneras

Las alarmas se materializaron el 14 de octubre, volvían duras limitaciones y la hostelería tenía que prescindir de las barras. Las mascarillas más presentes que nunca no bastaron y los hospitales comenzaron a llenarse, incluso el provisional del recinto ferial Luis Adaro en Gijón, que en julio se había desmontado. A finales de mes comenzó una nueva forma de lucha los cierres perimetrales, de aquellos pueblos o ciudades con más contagios de los deseados. Y llegamos a noviembre, en sus segundo día se adoptaron duras medidas con el cierre de la hostelería y el comercio no esencial, además se restringía la movilidad nocturna. Los días comenzaron a pasar y los contagios aumentaban mientras la hostelería y el comercio, cerrado, se hundían. Desde las comarcas mineras comenzó una lucha para conseguir medidas y ayudas que evitasen cierres masivos, hubo encierros en las iglesias de La Felguera, Pola de Laviana y El Entrego. Llegaron muchos compromisos y algunas audaces se materializaron, comercios y bares volvía a abrir con restricciones. Nos preparábamos para despedir un año atípico y cruel, en el que la responsabilidad individual y la solidaridad quedaron lejos para unos pocos. Y las Navidades las celebramos con seis comensales en las cenas navideñas y el toque de queda el día de Nochebuena y Nochevieja no podía haber nadie por la calle después de las 00.30 horas, una hora antes de lo que se definió en un principio. Además, se mantuvo el cierre perimetral en la región, salvo para visitar a allegados y familiares.

Uno de los primeros usuarios de las residencias del Nalón en recibir la vacuna.

Despedimos 2020 con un sabor agridulce, por un lado ha llegado la esperada vacunas y nuestros mayores (convivientes en residencias) y el personal sanitario comienzan a vacunarse y hacen crecer la esperanza. Pero al mismo tiempo, la inconsciencia de algunos nos poner en la casilla de salida para una previsible tercera ola La vida tal y como la conocíamos saltó por los aires, y desde hace meses intentamos recomponerla. Hablamos de volver a la normalidad, pero no sabemos a ciencia cierta y eso algún día será posible. Si algo hay claro es que lucharemos y nos cuidaremos para que así sea. Seguimos viviendo con restricciones y mascarilla, lavándonos la manos a menudo y utilizando hidrogeles, Además los días no festivos, el toque de queda vuelve a quedar fijado entre las 23:00 horas a 6.00 horas. Salvo 6 de enero, la limitación de movilidad nocturna se extenderá hasta las 7.00 horas.”. El día de Reyes, también se limitará los encuentros a un máximo de seis personas, del mismo modo que ocurrió en Nochebuena, Navidades y Nochevieja. No se autorizan cabalgatas de Reyes dado que se trata de eventos multitudinarios que podrían facilitar la difusión de la covid-19. La vida sigue con muchas precauciones y esperando que el calendario de vacunaciones se cumpla.

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